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jueves, 30 de enero de 2014

Purismo vegano o de cómo alejar a gente de tu causa

En todo movimiento social que se precie acaba surgiendo tarde o temprano un cierto gregarismo y maniqueísmo por parte de un número considerable de sus integrantes, una idea de que “nosotros” (el grupo) somos los únicos poseedores de la verdad y justicia, que hemos de mostrar a los demás, que son malvados. En ocasiones eso acaba volviéndose contra el propio grupo y formando jerarquías morales internas según el nivel de compromiso. El veganismo no es una excepción, pues a menudo se ven ciertos individuos que parecen más preocupados por aumentar su grado de pureza vegana que por acercar a gente a la causa. 

El cacao, la palma, los números E, los productos procedentes de multinacionales o empresas poco éticas y los productos testados suelen ser los focos principales de conflicto. A menudo ciertos veganos acusan a otros de no serlo por comer chocolate, comprar en X supermercado, no evitar el aceite de palma, no ir a hacer la compra con una lista de todos los números E, etc. Se trata de una actitud de “todo o nada”: o no colaboras de forma alguna con ningún tipo de explotación o tienes las manos manchadas de sangre: no eres uno de los nuestros. 

En general esa idea de trazar unas líneas fijas que distingan a los verdaderamente puros de los culpables siempre me ha parecido un error, no sólo por mi rechazo del maniqueísmo (1) (2) (3) y por cuestiones estratégicas, sino también porque en sí el llevar una vida 100% vegana me parece un horizonte utópico. Vivimos en una sociedad especista y capitalista en la que es casi imposible no participar. Gran parte de la industria minera, textil, agrícola y muchas otras es sustentada por trabajadores en condiciones altamente precarias o de casi (o sin casi) esclavitud; todo nuevo compuesto que llega al mercado es testado en animales; el petróleo, gas y otros combustibles que inevitablemente usamos es causa de numerosas y sangrientas guerras e invasiones; todo medio de transporte provoca muertes y/o sufrimiento de animales, incluso el ir a pie, así como la construcción de casas, carreteras, muebles, campos de cultivo, etc etc. 

Todo esto no significa que sea inútil cualquier esfuerzo, sino simplemente que no podemos hacerlo todo, y bajo mi punto de vista, tampoco debemos pretender hacerlo todo, pues semejante pretensión sólo provocará una creciente frustración que acabará con nuestra motivación. Es por esto que mucha gente no se hace vegana, pues piensa que no servirá de nada el esfuerzo: se seguirán matando animales igual. Y es cierto que no vamos a salvar el mundo ni acabar con la explotación animal por hacernos veganos: el error está en plantearse eso como objetivo. Lo que sí salvaremos es el mundo de cada uno de los individuos cuya explotación evitemos ¿o es que acaso nos parecería irrelevante ser cocinados vivos porque millones de otros crustáceos van a seguir sufriéndolo igual? 

Volviendo al tema, es esta actitud de todo o nada la que frena a la gente a hacer algo. A veces quien reduce su consumo de carne se encuentra con la presión de otros veganos para dejarla ya por completo, quien la deja, para abandonar cuanto antes los lácteos y huevos, quien los elimina por completo, para cambiar todos sus productos de higiene, memorizarse los números E, comprar ecológico, no comprar en supermercados, etc. Por otra parte, no hay una única forma de reducir el daño, como si la evolución ética de una persona tuviera que seguir una determinada ruta marcada: quizás alguien no esté dispuesto a renunciar al cacao pero sí renuncia a viajes largos (para evitar muertes de animales) a los que otra persona que no consume cacao no es capaz; quizás alguien que consuma puntualmente huevos realice mucho activismo que el vegano que le critica su consumo esporádico no quiere hacer; quizás, también, alguna gente se guíe por un criterio más consecuencialista, y prefiera comprarse unos tenis made in china por 5€ y donar después 35€ a una organización animalista, en vez de gastarse 40€ en unos tenis ecológicos y de comercio justo, ya que evitará mucho más sufrimiento de la primera forma. 

No digo con esto que me oponga al activismo, el aporte de información e intentos de concienciación: lo que sí considero altamente contraproducente es el acoso, el tratar de imponerles a los demás nuestro propio ritmo de cambio. Y me parece altamente contraproducente, sobre todo, porque el veganismo es una forma de vida y movimiento muy minoritario, por mucho que se haya extendido en los últimos años. Los veganos continuamos siendo los raros, los radicales, y sólo continuaremos alimentando el estigma y minando el avance del movimiento si exigimos a la gente cada vez más y más renuncias para “ser de los nuestros”.


A muchos el estigma de raros y radicales puede darles igual o hasta enorgullecerlos. Sin embargo, a los animales no: cuanto más inaccesible hacemos para los demás el cambio, menos gente estará dispuesta a darlo (pues la sociedad respalda esa no-acción), lo cual se deduce en más sufrimiento y muertes de animales. Para mí el veganismo está más en la intención (de tratar de reducir el daño causado, dentro de nuestra situación y posibilidades) que en unas acciones concretas. Además, mi posición y perspectiva es bastante pragmática, por lo que en general rechazo la categorización de determinadas acciones como éticas o no éticas en sí, veganas o no veganas en sí. En concreto, y para acabar, hay dos de esas cuestiones que trataré más pormenorizadamente: el boicot a los productos testados en animales y a las empresas “poco éticas” (no-veganas, hipercontaminantes o lo que sea): 

El boicot a los productos testados en animales siempre me ha parecido una cuestión más secundaria que la alimentación o vestimenta, por dos motivos fundamentales: por una parte, el consumo no es necesariamente proporcional al número de experimentos animales: cuando compras un jamón, la muerte de ese animal ha sido demandada sí o sí por tu compra; no obstante, si compras un champú testado en animales, no estás demandando la ceguera de un conejo (ni medio, ni 0,002). Una empresa puede decidir testar puntualmente x producto o principio activo en 1000 roedores independientemente de que las ventas que vayan a tener después sean de 10000 o 300000000. Ni se testan cada uno de los artículos ni se experimenta con animales por diversión o para celebrar un éxito comercial. Por otra parte, la colaboración con la experimentación animal no es algo evitable como sí lo es en el caso de la industria alimenticia: prácticamente todo está testado en animales (pesticidas, productos químicos en general, aditivos, todos los fármacos, los tintes de la ropa, muebles, etc), y es que por ley todo nuevo compuesto químico que se sintetice debe ser testado antes de salir al mercado, todos los fármacos, etc. No consumir fármacos cuando los necesitas no va a cambiar esta realidad, pues no es algo que esté en manos del consumidor, sino de los científicos que desarrollen alternativas a la experimentación animal. Lo que podemos hacer por nuestra parte es, básicamente, apoyar esas iniciativas y presionar al gobierno para que esas condiciones cambien. 

No obstante, con relación a este punto sí considero que tiene más sentido el boicot en determinados sectores: en aquellos donde sí existen alternativas comerciales populares (accesibles), como la cosmética o los productos de higiene, pues aquí las pérdidas que pueda tener una empresa por testar en animales pueden acabar deduciéndose en el cese de esa actividad, al no ser obligatoria. Sin embargo, ya que los motivos para dejar de comprar un producto son infinitos y ellos no pueden adivinar los tuyos, quizás más importante aún que ese boicot a nivel individual sea la presión sobre este punto enviando quejas, cartas, etc, para pedirles el cese de la experimentación animal. 

Finalmente, el boicot de ciertos productos veganos por pertenecer a empresas poco éticas siempre me ha parecido bastante absurdo, no tanto como postura individual (es mejor comprar un zumo ecológico de comercio local que uno de Unilever, obviamente) sino como activismo. Por una parte, me parece absurdo pretender mostrar una oposición a la explotación animal de la que se lucra cierta compañía llamando al boicot de los productos de esa compañía que no se sustentan en la experimentación animal, pues precisamente de esa forma lo que se consigue es que no apuesten por alternativas a la explotación animal. Las empresas que se lucran con la explotación animal no están dirigidas por sádicos que disfrutan torturando animales, como si tuvieran que montar un negocio alrededor de eso para tener una excusa para hacerlo: lo que buscan es ganar dinero. Si una empresa que vende chorizos empieza a comercializar almendras y tienen más éxito que los primeros, se priorizará la producción de almendras sobre la de los chorizos; y si nadie compra chorizos y sólo les compran las almendras, dejarán de producir chorizos y se dedicarán a las almendras. Lo mismo podría aplicarse a una multinacional que contamine mucho que saque una línea de productos ecológicos. Además, aunque sólo compraras productos de empresas veganas, el dinero siempre acabará yendo a parar a manos de no veganos: el supermercado, las empresas a las que les compren las materias primas las empresas veganas que producen los productos, etc. 

Por otra parte, mientras que el daño que le podríamos provocar a las multinacionales por boicotear sus productos veganos sería minúsculo, el daño que le provocaría al veganismo la escasez de opciones veganas baratas y accesibles en los supermercados sí sería importante. Como ya he dicho, cuanto más fácil le pongamos a alguien el hacerse vegano más fácil será que dé el paso. Si ser vegano supone renunciar a infinidad de productos manufacturados, no poder encontrar casi nada en los supermercados y tener que recurrir a herboristerías para poder comprarte unas galletas a un precio desorbitado, poca gente estará dispuesta a ello (y más animales se verán perjudicados por esto).

lunes, 6 de agosto de 2012

Especismo entre antiespecistas

“No me siento superior por ser vegana. Lo cierto es que soy 
vegana porque no me siento superior a nadie” - Michele McCowan

Es común entre nuevos veganos pasar por una etapa fundamentalista o intransigente (y a veces no tan nuevos ni tan etapa): primero se preguntan cómo han podido “estar tan ciegos” de no hacer ciertas conexiones y se esfuerzan por informar a los demás para que cambien su perspectiva; después, no obstante, tras varias decepciones algunos desarrollan algún tipo de amnesia retrógrada que les impide recordar que hasta hace no mucho ellos eran especistas, y consideran a los que lo son como unos asesinos hijos de puta que disfrutan haciendo sufrir a los animales. Esta actitud es perniciosa fundamentalmente por dos motivos: es especista y perjudica a los animales. 

En primer lugar, las generalizaciones siempre son injustas con los individuos que conforman los grupos. Es común atacar a “los humanos” como culpables de las torturas que sufren algunos animales; “me avergüenzo de ser humana” o “los humanos hacemos tal y cual”: ¿Por qué esta actitud no es vista como discriminatoria y especista cuando se está condenando a todo un colectivo por los actos de unos de ellos? Si alguien dijera que las lesbianas son todas unas zorras manipuladoras se le tacharía automáticamente de homófobo, igual que sería machista que una tía dijera que se avergüenza de ser mujer porque las mujeres son unas frívolas interesadas o sería racista que otra persona afirmara que los negros roban coches. Sin embargo sí hay lesbianas manipuladoras, mujeres frívolas e interesadas o negros ladrones, al igual que hay humanos (en general) cabrones, pero ser manipulador, frívolo, ladrón o cabrón no es nunca algo intrínseco de ser lesbiana, mujer, negro o humano, respectivamente. 

En la misma línea está la xenofobia al atacar a una etnia por las tradiciones o actividades de algunos de los individuos de la misma (a los chinos por comer perros, a los canadienses por apalear focas…), aunque esto es más común entre mascotistas que entre veganos, pues los últimos suelen tener más claro que no hay diferencia entre comer perros en China o cerdos en España. 

En segundo lugar es especista porque crea una especie de salto cualitativo entre los humanos y el resto de animales, el mismo salto que los antiespecistas critican: no se juzga a un gato por matar a un ratón o a un oso por comerse un salmón, ya que ellos “no pueden razonar”; sin embargo el humano se considera un ser razonante que nace razonando, y que debería razonar por tanto trascendiendo toda su educación para oponerse a la explotación animal. Para empezar no creo que el veganismo sea el “camino verdadero” ni creo en la existencia de la corrección o verdad en términos morales, sino si acaso en la coherencia con unos principios. Soy vegana porque tengo la capacidad de sentir empatía por el resto de animales y, por ello, los puedo considerar mis iguales en términos de sufrimiento, pero el no tener esa capacidad de empatizar no te convierte en un monstruo (¿cómo puede ser moralmente malo no tener una capacidad para hacer algo?). Muchos otros animales pueden sentir empatía, y un gato podría no matar a un ratón por sentir una empatía hacia él mientras que otro podría no tenerla y dejarse llevar por un instinto o apetencia. Con esto no estoy justificando nada, sino simplemente intento entender cómo y por qué actúan los demás, y no dejarme llevar por el camino fácil del insulto. En segundo lugar, creo que ya se ha evidenciado que no considero a los humanos nada radicalmente distinto del resto de animales, y por tanto no creo que exista ser alguno puramente razonante, sino que todos los animales que no estamos totalmente determinados por un instinto invariable lo estamos en mayor o menor parte por nuestras experiencias, educación, cultura, etc. Si viviéramos en una sociedad vegana o simplemente con una mayor consideración por los demás animales, el número de veganos que la conformarían sería infinitamente mayor. Y de nuevo recuerdo que muchos de nosotros, hasta hace unos meses o años, nunca antes habíamos hecho la conexión con el resto de animales, o incluso muchos veganos probablemente habrán defendido antes del cambio los argumentos que ahora considerarán falaces o prejuiciosos. Con esto no estoy diciendo que no haya especistas mezquinos y maleducados (igual que hay veganos así), algunos incluso que atacan a los veganos por el mero hecho de serlo. Pero incluso una persona directamente relacionada con la explotación animal (ganadero, torero, matarife, peletero) puede cambiar su perspectiva, pues al fin y al cabo no hacen más que seguir el legado de una misma educación especista con la que nosotros también hemos sido educados. 

Por último, si todo esto no te convence y sigues odiando a la humanidad hay un factor más a tener en cuenta en tu comportamiento: el daño a los otros animales. Ponte en el lugar del otro, de ser una persona que nunca antes se ha planteado el trato a tener con los otros animales, lo que come o lo que viste, y que por tanto tiene muchas dudas al respecto y cierto recelo ante lo que rompe por completo su esquema de valores: ¿cómo crees que se puede sentir esa persona ante los insultos, las acusaciones de asesino y la culpabilización? Lo más probable es que se cierre en banda y no escuche tu mensaje. Y lo peor es que, por desgracia, muchas veces somos un referente de la idea que defendemos: muchos omnívoros se encuentran con uno o varios veganos arrogantes y deducen de ello que los veganos por definición son arrogantes; se cierran al mensaje por culpa de un mal mensajero (y de ahí mis “precauciones para una correcta comprensión”). Muchas veces una actitud de “superioridad moral”, aun inintencionada, hace que el otro se sienta aludido ante una acusación implícita, un “tú eres culpable de esto, estás equivocado y yo estoy en lo cierto, haz lo que yo te digo”, desencadenando con esto una actitud defensiva que muchas veces se materializa en un “las plantas también sienten” o “tú también matas animales”, etc. Por supuesto, algunos se pueden sentir atacados y responder a la defensiva porque sí, o porque quizás les remuerda la conciencia ante la duda de no estar actuando de acuerdo con su ética y sientan miedo de que se venga abajo todo su esquema de valores, pero ello no implica que no debamos evitar estos conflictos con una actitud educada y comprensiva. 

sábado, 28 de julio de 2012

El derecho al aborto

Aprovecho, por su actualidad en España, para tratar el tema del aborto que, supongo, no está exento de polémicas, sobretodo por oponerme no sólo a los pro-vida sino a muchas pro-elección, dadas las campañas que se erigen desde ambas posiciones.

Para empezar no parece haber mucho entendimiento en la discusión, como en el debate taurinos-antitaurinos en que los defensores de la práctica alegan, ante la crítica acerca del sufrimiento del toro, que quien no quiera no vaya a verlo. Los detractores del aborto arguyen que éste es un asesinato de un ser con derecho a la vida, mientras que los defensores contraatacan demasiado frecuentemente con un “es mi cuerpo y hago con él lo que me da la gana”. El argumento de que las mujeres deciden porque son las que tienen el útero me resulta bastante confuso: en primer lugar no hace más que reforzar la idea de que el feminismo es cosa sólo de mujeres, pues ignora la opinión de los hombres por no compartir sus genitales (cuando muchos hombres son pro-elección, al igual que los propios de un país pueden ser antixenófobos con los inmigrantes); en segundo lugar, incluso excluyendo la opinión de los hombres nos encontramos con que muchas mujeres son anti-abortistas, no sólo en relación a lo que decidirían ellas mismas sino a lo que legislarían. Ellas no lo consideran una cuestión personal sino un conflicto ético para con otro individuo: el feto. Y es que la cuestión no es que sea o no el cuerpo de nadie, sino si en el conflicto de intereses entre el feto y la mujer tiene mayor peso el de ella, o si no existe siquiera tal conflicto.

En primer lugar habría que definir qué es o no es una persona (desde el punto de vista psicológico) y, consecuentemente, si el embrión-feto es o no es una persona. La definición más fácil es contestar que una persona es un ser humano, pero esta definición es errónea, antropocéntrica y no nos soluciona gran cosa. Siendo precisos, persona hace referencia a un individuo con personalidad propia, diferenciado del resto por su consciencia individual. Esta consciencia implica que el medio no le es indiferente, es decir, que puede experimentar experiencias que le serán beneficiosas o perjudiciales, en función de las cuales generará unos intereses. De acuerdo con esto: 1) No todo ser humano es una persona, pues los individuos con muerte cerebral o difuntos, por ejemplo, pertenecen a la especie humana, pero ya no tienen consciencia 2) No sólo los seres humanos pueden ser personas, sino también todo animal no humano con consciencia propia (mamíferos, aves, reptiles, etc).

Y siguiendo este mismo punto ¿Sólo las personas merecen consideración ética? Desde mi punto de vista claramente sí, pues sólo alguien que pueda generar intereses tiene unos intereses a tener o no en cuenta: una planta, un muerto o una bacteria no tiene un centro psicológico (o ya no activo, en el caso del muerto) con el que generar intereses, por lo que no hay interés suyo alguno que podamos respetar.

Una vez aclarado esto, la pregunta sería si el embrión-feto es o no una persona, y por tanto si es o no alguien a tener en cuenta: de acuerdo con los actuales conocimientos neurobiológicos el feto no puede ser considerado una persona hasta el tercer trimestre del embarazo. Sólo a partir de la semana 24 podría experimentar dolor y, por otra parte, se considera altamente probable que en el interior del útero el feto no se encuentre en un estado de vigilia sino que, por el ambiente químico en el que se halla, se mantendría en un estado de inconsciencia como de sueño o sedación (fuente).

De acuerdo con esto, ante la situación de una mujer que decidiera abortar no habría conflicto de intereses alguno al menos hasta el sexto mes, pues el embrión-feto no es todavía un ser sintiente-consciente y, como tal, no tiene interés alguno que se pueda ver violado con la decisión de la mujer.

Por supuesto, alguien puede intentar rebatirme esto con otros estudios de “evidencias científicas que prueban que” el feto-embrión sí es consciente desde el principio y puede experimentar experiencias dentro del útero. Quien tenga tal información que la aporte sin problemas, estoy abierta al debate. Sin embargo, hasta ahora no he encontrado nada sobre esto realmente fiable, sino más bien falacias que asimilan la influencia de los estímulos externos en el desarrollo del feto a una respuesta consciente por parte de éste. No soy ninguna experta en biología ni mucho menos, pero creo que esa “respuesta” del feto es comparable a la “respuesta” de un geranio cuando le pones música: todo organismo vivo se ve afectado por el entorno en que se encuentra, con el que necesita relacionarse de alguna forma para mantener esa vida. Por ello, las plantas pueden reaccionar químicamente a las vibraciones de la música al igual que lo hacen al agua o al sol con la fotosíntesis o el fototropismo, lo cual por supuesto afecta a su desarrollo pero, no obstante, ello no implica que las plantas puedan ser conscientes de esos procesos, que puedan desear o rechazar nada. Del mismo modo, el desarrollo de un feto puede verse afectado por los ruidos externos que puedan llegar hasta el útero, la actividad de la madre o la comida que digiera, pero ello no implica que pueda ser consciente de todo eso, que tenga consciencia alguna que le permita percibir como sujeto y verse afectado positiva o negativamente por esas percepciones. En cualquier caso, creo que el debate giraría en torno a a partir de qué mes el feto podría empezar a sentir (y, por tanto, hasta que mes la mujer podría abortar sin ir contra sus intereses), no a que el mismo cigoto ya tenga o no capacidad de hacerlo.

Otro argumento recurrente es que el cigoto, embrión o feto es una persona en potencia, e impedir este desarrollo es como matar a la persona (o algo por el estilo). Poco tengo que decir al respecto, porque no le veo mucho sentido a tal afirmación: ¿por qué deben protegerse los cigotos-embriones-fetos como personas en potencia y no los óvulos o espermatozoides? No creo que el hecho de que un cigoto ya sea la unión de ambos y por tanto un inicio (que no EL inicio) del proceso de formación sea realmente algo relevante, pues ese cigoto no es autónomo: el cigoto no crece por sí mismo hasta convertirse en persona, sino que además de la unión de un óvulo y un espermatozoide se necesitan una serie de circunstancias favorables y nutrientes en el útero materno para que continúe así, que es responsabilidad de la mujer aportar o no. Siguiendo ese mismo razonamiento, cada vez que una mujer menstrúa sería responsable por no haber copulado sin protección con hombres fértiles de haber frenado un proceso de crecimiento de una persona que ya se había iniciado en su útero con los aumentos de las hormonas pertinentes, la maduración del óvulo y la preparación del endometrio para la implantación del óvulo fecundado.

A modo de paréntesis, decir también que con todo lo anteriormente explicado estoy argumentando también el por qué una postura pro-abortista no sería incompatible con una filosofía de vida vegana y, por tanto, respaldar ambas cosas no es hipócrita: el veganismo implica la consideración ética de todos los individuos con capacidad para sufrir y disfrutar. Supone un respeto por los sujetos con intereses, no por la vida en sí ni tampoco por la vida en potencia.


Adyacentemente a esta postura de base antiabortista se encuentra la de aquellos que aceptan o toleran el aborto sólo en dos supuestos: en caso de violación y en caso de malformaciones o disfunciones intelectuales en el feto. 

El primer caso pone en evidencia que para estos antiabortistas lo que realmente les importa no es el embrión-feto, sino el control del cuerpo de la mujer. En tanto que se culpabiliza a la mujer por tener relaciones sexuales sólo se le permite a ésta no sufrir su “castigo” si estas relaciones fueron contra su voluntad: si has mantenido relaciones sexuales consentidas te jodes y aguantas las consecuencias; si no fueron consentidas, te dejamos librarte de esas consecuencias ¿Cómo se entiende de otra forma que el indefenso embrión-feto cuyo derecho a la vida tanto se preocupan por defender pase ahora a poder ser legítimamente asesinado sólo porque su madre ha sufrido una agresión? ¿Qué culpa tendría ese embrión-feto de que esa mujer sea violada? Por ello, o bien la cuestión es la culpabilización y control del cuerpo de la mujer, o bien una especie de ley de Talión desfocalizada, algo así como un “como te han roto las piernas te dejamos que mates a tu hija de 11 meses, porque que te rompan las piernas es una putada, así que se te permite desahogarte con otro”, lo cual es más absurdo todavía, por lo que me inclino a concebirlo como la primera opción. 

El segundo supuesto muestra también su hipocresía, al menos en la mayoría de los casos. Si partimos de la base de que los embriones o fetos humanos son (para ellos) individuos con el mismo valor moral que los ya nacidos, y se acepta el abortar a esos embriones o fetos en caso de malformaciones o disfunciones intelectuales, esto trae como consecuencia inevitablemente que esas personas están a favor de asesinar legítimamente a cualquier individuo con disfunciones intelectuales o malformaciones (ya nacido, vaya). Y lo que es más, no sólo se debería aceptar esta muerte de forma eutanásica tras preguntarle a los individuos en cuestión si la desean, sino que darles muerte sería legítimo con o sin su consentimiento, pues al fin y al cabo al embrión-feto nadie le pide consentimiento, sino que se decide por él qué es lo mejor. Quien estuviera a favor de esta eugenesia radical no pecaría de contradicción alguna al aceptar el supuesto de malformaciones o disfunciones como legítimo para provocar un aborto; no obstante, para la mayoría de los individuos -que no estarían a favor de esta medida- , se hace evidente que la consideración moral que se tiene por el embrión-feto no es la misma que por el individuo ya nacido, y por tanto no consideran a los embriones-fetos plenos seres humanos que haya que respetar, al igual que los pro-elección. 

viernes, 15 de junio de 2012

Veganos que comen animales

Me gustaría empezar con los temas polémicos tratando uno de los que me tocan más de cerca: el veganismo.

Partimos de la base de que el veganismo es, en su puesta en práctica, un modo de vida que excluye –en la medida de nuestras posibilidades- el uso y consumo de productos compuestos con (o testados en) animales o sustancias derivadas de éstos, así como su explotación directa utilizándolos como objeto de compra-venta, medio de transporte o entretenimiento.

A mi modo de ver, teniendo en cuenta que el veganismo es una filosofía de vida, es un error aceptar dogmáticamente estas premisas sin una reflexión previa, y de ésta yo derivaría que todo lo anteriormente citado son los medios, y no el fin, para el objetivo de lo que significaría realmente el veganismo: el respeto y consideración (igualitarias) de todos los individuos con capacidad de sentir independientemente de su raza, sexo o especie*. Esto pasa evidentemente por un boicot a aquellos productos derivados de la explotación animal, pues sin demanda no hay oferta. Ahora bien, aquí es donde la gente confunde el medio (el no uso y consumo de productos de origen animal) con el fin (la liberación animal) y nos enfrascamos en la cuestión del título, para lo cual introduciría el concepto de freegan.

El “freeganismo” (unión de las palabras free –gratis- y vegan –vegano) se conoce como un estilo de vida voluntario que emplea estrategias alternativas para vivir basadas en limitar su participación en el sistema económico convencional y minimizar su consumo de recursos (utilizando el mínimo dinero posible, alimentándose de la cantidad exacerbada de comida en perfecto estado que diariamente desechan las grandes superficies, reutilizando objetos tirados que puedan serles útiles, compartiendo e intercambiando bienes mediante el trueque, etc); pero sin necesidad de convertirlo en un modo de vida, llamaría freeganismo al acto y práctica de “reciclaje” (reutilización) de objetos desechados para evitar la compra innecesaria y facilitarles una mayor vida útil (no por el puro esnobismo de introducir términos anglosajones, sino más bien por la imprecisión de la palabra “reciclaje” para referirnos a estas prácticas e intenciones), y he aquí donde lanzo la pregunta a la que quería remitirme desde un principio: ¿es vegano conservar (o “reutilizar”) una prenda o producto de cuero, lana, seda o cualquier otro material de procedencia animal? Más aún ¿es vegano comer carne, huevos o lácteos desechados por las grandes superficies? En mi opinión, rotundamente sí.

El veganismo, para mí, implica un respeto por la vida consciente-sintiente, no un respeto por la vida en sí ni mucho menos por la muerte. Al margen de todas las religiones y creencias que atribuyen al cuerpo de un sujeto una esencia-alma inmortal, toda concepción materialista estimará que tras la muerte de un ser éste desaparece como sujeto, que “su” cuerpo ya no es más una herramienta de interacción de la psique con el mundo tangible, sino una simple coraza inútil, vacía, mera materia orgánica; y ya que la consciencia y todo interés de ésta desaparecen, esa coraza inanimada no merecerá mayor consideración moral que cualquier otro objeto inerte, independientemente de que el sujeto al que antes pertenecía el pedazo de carne fuera clasificado como homo sapiens o bos taurus. Sería por tanto especista considerar inaceptable la necrofagia (o necrofilia, o desollamiento) entre humanos no asesinados para tal fin y aceptar la necrofagia con animales no humanos cuya muerte no es demandada por ti (ya haya sido explotado y asesinado por la industria como que haya muerto despeñado por un precipicio o de un paro cardiaco), pero por mi parte no condeno ninguna de las dos prácticas, como tampoco quien decida conservar unas botas de piel humana tras haber averiguado su origen o haberlo reprobado cuando antes era indiferente.

No obstante, cabe mencionar un factor importante: el respeto hacia familiares o amigos del fallecido; y es que la pena hacia la muerte de alguien no debiera ser hacia ese alguien –pues muerto ya no siente ni padece, y mucho menos se lamenta de no ser- sino hacia los vivos que sufrirán su pérdida. Sí considero por ello que se debería tener tacto ante una situación que para otros es tan difícil, pero eso se derivaría moralmente, simplemente, en no hacer nada con el cadáver que pueda ofenderlos delante de éstos, y en caso de que éstos existan –no todo el mundo tiene familia o amigos que lo vayan a echar a uno en falta. En cualquier caso, desgraciadamente, los familiares o amigos de los animales no humanos que nos encontramos en los contenedores y supermercados no van a sentirse ofendidos por lo que hagamos o dejemos de hacer con sus cuerpos, ya que nunca lo verán ni lo sabrán (y es probable que incluso pudiendo verlo/saberlo muchos no lo sintieran como nosotros, pero ese es otro añadido).

Con esto no pretendo incitar a nadie a recoger productos de origen animal de los contenedores (que aunque no "inmorales" siguen siendo poco sanos), ni mucho menos a aprovechar los restos que otros dejen individualmente (pues esto sí podría traer malentendidos y dañar el mensaje que se promueve) sino explicar por qué no condeno esta actitud ni me aferro como dogmas a ciertas ideas que no dejan de ser sólo herramientas. Por otra parte, y por último, quería señalar que un freegan que recoja y consuma puntualmente carne, lácteos o huevos, o bien conserve unas botas piel de su etapa no vegana, es responsable de menos muertes (en ese ámbito concreto) que un vegano-ofendido-por-su-falta-de-respeto-hacia-los-animales que compre todos los productos veganos que come o tire sus botas de cuero para comprarse unas sintéticas, mal que les pese a muchos; pues su producción, manipulación y transporte supone un gasto de recursos e impacto en el medio que inevitablemente se llevará a algún animal por delante.




*En realidad aquí (con la agregación de los paréntesis) estoy equiparando el veganismo al antiespecismo, y éstos a una concepción antisexista y antirracista complementaria, lo cual no es demasiado correcto. Se puede ser vegano sin ser antiespecista, es decir, sin juzgar que los intereses de los animales no humanos merezcan una consideración igual a los de los humanos, aunque tengamos a éstos primeros en suficiente consideración como para no causarles un sufrimiento innecesario con su explotación; y lo mismo en el caso del racismo, sexismo u otras discriminaciones menos cuestionadas.