lunes, 5 de noviembre de 2012

Cuando los insultos dicen más del emisor que del destinatario

El insulto es generalmente una palabra (o conjunto de palabras que funcionan como una) que define un modo de ser o comportarse que consideraríamos denigrante y del cual acusamos al destinatario. Algunos insultos están vacíos de un concepto concreto o al menos de su significado literal original (cuando llamamos a alguien hija de puta, por ejemplo, no la estamos acusando de ser hija de una mujer que se dedica a la prostitución), pero muchos de los comúnmente utilizados son reflejo de los prejuicios sociales. Generalmente los insultos son discriminatorios con algún colectivo (racista, sexista, homófobo, etarista, gordófobo, especista…), con excepción quizás de palabras como falso, manipulador, arrogante, etc, que son más una definición de un comportamiento considerado antisocial que un insulto, otras como “mala persona” cuya definición depende de los principios morales del emisor y otras que no sabría cómo catalogar (cenizo, matao, zopenco, peinaolivas...).

Que la gente deje de utilizarlos o los sustituya todos por otros no discriminatorios lo veo una misión imposible, y tampoco es mi intención (yo misma los utilizo a menudo). Pero sobre lo que sí querría llamar la atención es sobre aquellas palabras o frases utilizadas a modo de insulto que no son simplemente un desahogo vacío de contenido (como puede serlo cabrón, gilipollas, hija de puta, imbécil, estúpida, etc) sino que reflejan en el fondo los prejuicios más o menos inconscientes del emisor. “Insultos” que son incluso utilizados por gente que cree estar en contra de la discriminación a la que se refieren. 

Este es el caso de palabras como fea, gordx*, maricón, negrx (o de cualquier etnia), nenaza (u otras palabras para acusar de femenino a un hombre), etc, acompañados a menudo por su precedente “putx/jodidx” y/o su subsiguiente “de mierda” (“puta gorda de mierda”, por ejemplo). Parece que cuando alguien hace algo que consideramos reprobable toda palabra “negativa” para mostrar la repulsa hacia este comportamiento está justificada. Si, por ejemplo, una tía que considerábamos nuestra amiga nos traiciona, o una desconocida sube un video a youtube cruel o discriminatorio, se justifica el insultarla a sus espaldas (o a la cara) llamándola fea o gorda, o negra o gitana si lo es, o zorra/guarra si sabemos que la tía es promiscua. Y esto no es un caso aislado, sino ampliamente común. Conozco personas que abogan por el feminismo y se muestran en contra de la discriminación hacia los gordos, por ejemplo, y no dudan en criticar a las demás por su aspecto físico o forma de vestir si la tía en cuestión es falsa, manipuladora, cruel, discriminatoria, etc. 

Sobre esto tendría varias cuestiones al respecto: si realmente se considera algo relevante y digno de mención el que una mujer sea (para ti) desagradable físicamente, ¿por qué se le oculta (o incluso se le miente descaradamente) todo el tiempo en que supuestamente eran amigas y se contaban las cosas (de ser el caso)? ¿Por qué se utiliza como arma arrojadiza una vez se ha truncado la relación? Parece que sólo puedes enterarte de la verdadera opinión de la gente (o de cómo son realmente) cuando les caes mal. Y, si la persona en cuestión se considera feminista ¿por qué la fealdad y el peso suele ser algo tan relevante para criticar a las mujeres y tan secundario en el caso de los hombres? 

En cualquier caso, no veo cómo puede venir al caso atacar con gordo, fea, maricón o negra a un hombre o mujer que hace o comenta algo que se considera éticamente reprobable o ridículo ¿Acaso lo moralmente inaceptable es que sea misógino, cruel con los animales, etc, estando gordo, por ejemplo? ¿Es un añadido reprochable a los hechos? ¿Si estuviera en forma, fuera guapo, blanco y vistiera bien lo hecho o dicho no sería tan ofensivo o estúpido? Considero que este tipo de cosas, aunque puedan tener el efecto inmediato deseado (ofender a la persona atacada) tienen un efecto nocivo a largo plazo, reforzando la discriminación que sufren aquellos grupos que se utilizan a modo de insulto. Además, no creo que realmente sea tan inocuo para la consciencia de la persona que los utiliza: si realmente consideras que características como el ser musulmán, fea, gordo, gay, poco masculino, vieja, joven, yonki o sexualmente insatisfecha son algo ofensivo como para utilizarlos de insultos cuando se dan en el individuo, creo que tienes bastante que trabajar en ti si realmente no te consideras una persona prejuiciosa y discriminadora. 


*Entrada relacionada: gordofobia.

4 comentarios:

  1. Coincido ampliamente... creo que lo resumiría con una sola palabra: hipocresia.

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  2. Bravo. Es la primera vez que leo tu blog, pero con este gran post, me has enganchado. Voy a recorrerme el resto de entradas ;)

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  3. Gracias por los comentarios! me alegro de que mis reflexiones puedan resultar útiles a alguien más :)

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  4. Más allá de lo escrito en la entrada, que concuerdo perfectamente; agregaría que:

    Cualquier insulto tiene carácter despectivo. No me parece correcto despeciar a nadie: ergo, no me parece correcto insultar a nadie. Incluso si no se trata de un insulto discriminativo. Sólo basta que sea propiamente un insulto: esto es, una expresión que sirva como muestra de desprecio e intolerancia.

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